Historias pequeñas, pequeñas historias

Él era un tipo descarnado, duro, algo agrio y decidido. Ella era dulce, con un punto de inocencia, muy diplomática y extremadamente tímida con las personas que no conocía.

Y contra todo pronóstico, se encontraron.

Ambos llegaban heridos en el alma y agotados por haber librado mil batallas. Desconfiados, algo huraños y sin ningún crédito para ofrecer al otro.

Y contra toda predicción, se acercaron.

Él no buscaba a nadie y la encontró. Ella, a pesar de la pérdida de fe, quería seguir creyendo en el amor que no encontraba y tropezó con él. Se arrollaron mutuamente.

Y contra todo presagio, encajaron.

Por un instante en el tiempo conectaron. Él creyó en la princesa que no esperaba. Ella se intuyó a sí misma en los ojos de él, a pesar de su descrédito.

Se cruzaron, entrelazaron y confiaron el uno en el otro. Porque en el fondo, desde puntos muy lejanos y opuestos deseaban cruzarse, entrelazarse y volver a confiar.

Pronto, ella vio que la rudeza de él nada tenía que ver con ella. Él sintió que la suavidad de ella no era lo que él esperaba en su vida. Y lo que en un tiempo parecía engranar como la maquinaria de un reloj, saltó por los aires convirtiéndoles de nuevo en dos perfectos desconocidos. Sin discusiones, sin desencuentros, sin amargura.

El viento que les hizo encontrarse de repente sopló más fuerte y les alejó al uno del otro llevándoselo todo.

Poco después apenas pensaban ya en el tiempo compartido juntos, quedó atrás como un sueño lejano. No había nostalgia, no había melancolía, no buscaban el cuerpo del otro al amanecer en sus camas de nuevo vacías.

Era una historia del amor que no fue, un tiempo prendido en el aire que no les dejó más que algún vacuo recuerdo cuando se desvaneció sin más.

Porque no todas las historias encienden el alma. No todas llenan el corazón.

Pero hay que vivirlas deliberadamente, enfrentarlas y agotarlas. Porque cuando llega una de verdad, que te sacude por dentro, que te inunda de Luz, y te hace estremecer, todas estas pequeñas historias hacen que sea más intensa, real y única.

Y contra todo augurio, el viento, una vez más, se llevará todo lo demás.

Vettriano bici

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