Amor online

Decidió esperar en la puerta de la cafetería que ella le había sugerido. A esas alturas ya no se ponía nervioso en las primeras citas. Le resultaba divertido. Unos días chateando a través de la aplicación y luego propuesta para un café.

En realidad llevaba bastante tiempo soltero, saliendo de vez en cuando con las chicas que conocía a través de internet. Había disfrutado de ese tiempo de soltería, pero desde hacía algún tiempo le empezaba a apetecer volver a estar en pareja.

Hacía casi dos años que no salía en serio con nadie y ahora que su empresa, a cambio de un contrato de condiciones económicas imposibles de rechazar, le había destinado a una ciudad diferente que apenas conocía, sentía que era un momento en que le apetecía buscar a alguien para compartir su día a día. Quería enamorarse, por cursi que a veces sonara en su mente.

Y a decir verdad hacía varias semanas que había conocido a una chica que cumplía sus expectativas. Verónica era empresaria, guapa, simpática, inteligente, buena posición social … Se sentía cómodo con ella y las veces que se habían visto, lo habían pasado bien juntos.

Sin embargo la inercia le hizo quedar de nuevo con una nueva chica con la que había empezado a hablar poco antes de conocer a Verónica, pero con la que por problemas de agenda no había podido quedar. Era cierto que le apetecía intentarlo con Verónica … pero los ojos de aquella chica y la aguda ironía con la que respondía a sus mensajes habían despertado su curiosidad.

En esos dos años había conocido a muchas chicas, y aunque había sido divertido pasar tiempo con ellas, pocas le habían gustado de verdad.

Cuando se separó de la que había sido su novia durante 5 años por desgaste de la relación, empezó a salir con amigos, pero cada vez le encontraba menos sentido a estar bebiendo en una discoteca hasta el amanecer y encontró en las aplicaciones de citas una buena alternativa.

Él siempre había sido un chico extrovertido y simpático. No se le hacía en absoluto extraño el entablar rápidas conversaciones “online” para conocer a mujeres, que en un primer momento le atraían por un buen físico diseñado en unas cuantas fotos.

Al principio, las primeras citas, el verse por primera vez sin apenas haber hablado antes, le ponía algo nervioso, pero pronto, gracias a su carácter abierto y sentido del humor, le empezó a parecer divertido y disfrutaba de esos momentos.

Por supuesto no siempre salía bien. Muchas veces, sobre todo al principio, en los primeros 5 minutos ya quería salir corriendo argumentando cualquier excusa. Sin embargo el tiempo y la práctica, le hicieron desarrollar algunos trucos y un sexto sentido para descifrar si aquella chica que le sonreía desde la pantalla de su Iphone, podía llegar a gustarle o no. Una buena ortografía, alguna pregunta sobre actualidad internacional o tratar de hablar al menos una vez por teléfono antes de quedar, para escuchar el tono de su voz y manera de expresarse eran algunas de las claves para asegurar pasar un rato agradable con una nueva Julieta extraída del frío entorno virtual a la calidez de alguna cafetería de diseño.

Pensaba en Verónica mientras esperaba en la puerta. Habían organizado una primera escapada juntos a esquiar y salían al día siguiente por la tarde. Le gustaba aquella chica, y ahora que se encontraba en esos minutos ociosos antes de que llegase su nueva cita, empezaba a plantearse si era del todo ético quedar una vez más con alguien nuevo.

Agitó la cabeza como sacudiendo las dudas de su cabeza. Verónica no era su novia. Al menos no todavía. Y si aquella chica no le hubiese despertado la curiosidad desde aquellos ojos oscuros y aquel cabello largo y liso, seguramente no hubiese quedado con nadie más. Pero… quería conocerla. Seguramente no sería tan guapa como en las fotos , como sucedía en la mayoría de los casos. Incluso él buscaba el mejor ángulo, para dar una imagen impecable, aunque a veces no sea el más cercano a la realidad. Quizás tampoco le resultaría tan divertida hablando como cuando le replicaba en los mensajes.

Tomarían un café y  se acabó. Esa sería su última cita antes de cerrar su perfil en la aplicación e intentarlo en serio con Verónica. Sabía que esos dos días en la nieve iban a ser decisivos.

Miró su Tag Heuer nuevo. Faltaban 3 minutos para las 19.00. Había llegado con tiempo suficiente de meter su BMW de empresa en un pequeño parking que cerraba a las 22.00. Creía que sería tiempo suficiente.

La ciudad era nueva para él y le resultaba algo molesta en su caos. Había escogido vivir en una lujosa urbanización fuera del núcleo urbano. Su trabajo en una gran multinacional le permitía trabajar a menudo desde casa y sólo iba a la oficina para las reuniones ineludibles.

Echó un vistazo al fondo de la calle y vio a una chica que venía con paso ligero agitando su melena. Era invierno y llevaba un abrigo oscuro corto que dejaba ver unas largas piernas cubiertas por unas tupidas medias negras y finiquitadas por unos finos zapatos de tacón. Dudó si era ella, hasta que pudo ver sus ojos. Eran oscuros, no muy grandes pero vivos y muy expresivos. Podía notar el peso de su mirada sobre él. Le reconoció al instante: “¿Iker, verdad? Soy Blanca”.teclacorazon

Se dieron dos besos y entraron en la cafetería. Ella le había hablado de aquél lugar, era el local de un diseñadorchileno afincado en la ciudad, que además de contar con una delicada carta de platos y vinos, era floristería y tienda de decoración. Le gustó. Ella también.

Conectaron en seguida, rápidamente encontraron conversación, y lo más importante, pronto llegaron a las risas. Se sintieron tan cómodos que el tiempo voló.

Era una chica deliciosamente sencilla, con un trabajo simple a pesar de que le pareció inteligente y cultivada pero no había tenido muchas oportunidades. Provenía de un entorno social que sabía que no encajaba con facilidad en su alto nivel económico. Aunque era algo que estaba presente en algún punto de su subconsciente, no quería dejar de conocerla y seguir desgranando cada feliz minuto al lado de aquella chica.

Pasaron de las 2 Coca-Colas inicialesa pedir una copa de vino y algo de cenar.

El tiempo voló entre aquella sonrisa y aquellos ojos que no le habían mentido desde el perfil de la aplicación. Pasó tan rápido que cuando miró por primera vez su reloj ya pasaban 15 minutos de las 22.00. Dio un respingo y ella se asustó divertida. Él leexplicó que debían irse corriendo si quería recuperar su coche esa noche.

Pagaron y salieron rápidamente del local. Corrieron entre risas pero era demasiado tarde. El parking, diminuto y antiguo, estaba cerradísimo y sin ninguna señal que revelara la más mínima posibilidad de contactar con alguien que les pudiese abrir.

Después de unos primeros minutos de tensión, golpeando la puerta, preguntando sin éxito en los bares de alrededor, se miraron agotados y se echaron a reír.

No lo dijeron pero ambos sabían que aquella situación tan absurda se debía a que se habían olvidado de todo durante aquel tiempo mágico que habían compartido.

Ella vivía en la ciudad pero no tenía c

oche por lo que sólo podía indicarle dónde coger un tren que le acercara a la urbanización donde vivía. Se ofreció a acompañarle caminando hasta la estación.

Él vaciló por un segundo y se le pasó por la mente la loca posibilidad de que ella le invitase a dormir en su casa, pero ahora que la conocía un poco, sabía que ella nunca se lo propondría. Ella no. Y no le parecía mal. Aunque lo deseara.

Se quedaron por unos largos segundos mirándose a los ojos. Y justo en ese momento pensó en Verónica y algo se derrumbó un poco en su interior.

Decidió que tomaría un taxi y volvería a la mañana siguiente a por su coche. Era lo mejor y se lo podía permitir.

Se sintió triste. Pensó en el fin de semana en la montaña que tenía ante sí con Verónica. Blanca le gustaba, pero de alguna forma sabía que Verónica encajaba mejor en su vida, tal y com
o estaba montada.

Paró a un taxi que venía a lo lejos y mientra se acercaba la tomó suavemente de los hombros y aquellos oscuros ojos hicieron que se estremeciese.

Ella lo miraba con ilusión, creía que  habría una próxima vez. Él quería besarla, pero le detuvo la certeza de que si la besaba quizá nunca se subiría a aquel taxi.

La besó en ambas mejillas y sintió un fresco olor a rosas que le acompañó hasta que se metió en el coche. Ella le miraba sonriendo: “Hablamos mañana”.

Mientras el coche arrancaba, él cerró los ojos y supo que esa sensación de duda, le iba a acompañar mucho tiempo.

Cuando el taxi salió de la ciudad para coger la autopista, él buscó el número de Blanca, miró la foto de su perfil por última vez.
A continuación bloqueó su contacto. Luego lo borró.

 

 

 

 

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2 comentarios en “Amor online

  1. No hay duda de que el encuentro tocó el corazón de Iker. Incluso el taxista que lo apartó de aquel lugar, venido de algún país exótico a probar fortuna a Barcelona, comentó con la mejor de sus sonrisas, después de ensalzar la belleza de Blanca, lo buena pareja que hacían. Él sería el mismo taxista que al día siguiente trajera de vuelta al mismo lugar a Iker a rescatar ese coche que para regocijo y lucro del encargado del parking, había quedado secuestrado en prenda de una mágica velada.

    Iker se encontró con una mujer bella, vivaracha, cosmopolita, que parecería desenvolverse bien entre cenas de empresa, brunch, e-commerce, after-works…pero que en el fondo viene de una tierra con mucha mayor profundidad y carácter que esas palabrejas inglesas. Una mujer con la que conectó inmediatamente, atractiva ante sus ojos e intelecto. Alguien con la que el tiempo (y el coche) desaparecieron.

    Iker no borró el contacto. Es un poco despistado y en un cambio de teléfono móvil por otro de mayores prestaciones, perdió su antiguo móvil y sus contactos. Tuvo tiempo de explicar a Blanca porqué inició una relación con Verónica. De ninguna manera consideraba a Blanca como alguien que no encajara con su nivel económico, es bastante más inteligente que eso, hacía tiempo que había aprendido a mirar primordialmente el interior de las personas, aunque hubiera coqueteado alguna vez con algún bello envoltorio,
    Iker es Kinestésico. Hubiera bastado un roce de manos, el suave contacto de una mano con la cadera, o una caricia a la cintura, para que todo se desarrollara de otra manera.
    Iker tuvo que tomar una decisión. Tenía ya planes muy avanzados e inminentes y los llevó a cabo. Probablemente le faltó valor para cambiarlos.

    Un tiempo después, los planes de Iker no resultaron como él esperaba. Pese a bonitas fotos en las redes sociales, no hay más que ver el nombre, “Facebook”, (Iker piensa que deberían inventar una que fuera Heartbook o Soulbook), la procesión iba por dentro. No era del todo feliz.

    A día de hoy, aunque sigue algo triste, algo ha alegrado su corazón; y es que, quizaz, al final del túnel haya un rayo de Luz.

    1. Iker escogió un camino, el que él consideró que era el mejor en ese momento. Y seguro que no se equivocó.
      El camino elegido es siempre el acertado. Luego la vida va girando a su antojo y nos da la razón o no.
      Ella siemrpre comprendió la decisión de Iker. Era lo más natural.

      Blanca continuó también su camino. Con éxito en algunos momentos, con menos fortuna en otros. La vida y sus giros de nuevo…
      Y sintió escuchar que a Iker, no le fue todo lo bien que ella imaginaba.

      Ha llovido mucho desde entonces…
      Es bonito saber que Iker, de alguna manera, recuerda a Blanca.

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