And so it is

LluviaHabía bebido demasiado. Una noche más. Como antes.

Sus amigos ya se habían marchado a casa hacía un rato. Él se había quedado hasta que pincharon la última canción (la lenta melancólica de siempre que anuncia que la fiesta, por esa noche, se había acabado) y las luces de la discoteca se habían encendido.

Hacía tiempo que no salían juntos y les había costado reunirse pero, tras varios intentos al final lo habían conseguido.

Casi todos tenían pareja y niños y las salidas,inevitablemente, se iban espaciando cada vez más en el tiempo.

Salió del local y bajó hasta la calle principal en busca de un taxi. Parecía que había llovido y el suelo aún estaba mojado e iba sorteando algún charco. Era mediados de agosto y aquellas ocasionales tormentas de verano aliviaban el calor insoportable de ese verano.

Trabajaba mucho. Siempre había sido muy trabajador, pero en los últimos tiempos se había convertido más en un refugio, un alivio para la frustración que le provocaba su vida personal. Aunque en realidad, no quería reconocerlo ante sí mismo. Su único juez.

Durante toda su vida había sido muy exigente. Y por supuesto también lo fue para buscar a la mujer perfecta. Físico imponente, inteligente y cuenta corriente más que saneada eran los imprescindibles. Luego había otros puntos valorables, pero secundarios.

Estuvo con muchas mujeres, pero ninguna había conseguido convencerle para abandonar aquella vida disoluta y sin compromisos, salvo consigo mismo. Por otro lado, él creía que la elegida tendría un “je ne sais quoi” que le haría caer rendido a los pies de su diosa, esa que el destino, sin duda pondría en su camino y que le haría olvidar aquellas eternas noches de fiesta.

Ahora que su coronilla empezaba a despoblarse de algunos cabellos, la curva de su estómago no era tan plana, por fin se había casado y su mujer le esperaba en casa embarazadísima de su primer hijo. Quizá había esperado mucho, pero se había tomado su tiempo para disfrutar de la vida… y no se arrepentía.

Siempre estuvo convencido de que cuando la mujer ideal apareciese, él la reconocería y desearía comprometerse. Cuando ella llegase a su vida, todo cambiaría y él formaría junto a ella esa familia, que de alguna manera, también creía desear.

Consiguió parar un taxi solitario cuando ya empezaba a amanecer.

Conoció a su mujer una noche, como era lo más natural. Bella, joven e hija de un empresario. Algo frívola pero divertida. Lo pasaban realmente bien juntos. Sintió que con ella había llegado su momento.

Al poco de estar juntos ella le sorprendió una buena mañana con la feliz noticia de que iba a ser padre. Al principio titubeó mentalmente pero luego creyó que era la persona que había llegado a su vida para formar una familia y … no se arrepentía.

Ya sentado en el coche dio la dirección a un serio taxista de pelo blanco que parecía curtido por la vida y por interminables “patrullas” nocturnas. El conductor apenas se giró para hablar con él. Le pareció estupendo porque se sentía cansado y no tenía ganas de charlar.

En la radio sonaba sin tregua una música electrónica y machacona, bastante anacrónica con el aspecto del silencioso chófer. El sonido le martilleaba la cabeza bastante afectada por el alcohol y le pidió si podía poner algo más suave. A lo que el callado caballero contestó cambiando el dial con un leve gesto de mano.

Empezaron a sonar las primeras notas de “The blower’s daughter” de Damien Rice y sintió cómo su mente agradecía la nostálgica melodía.

Bajó un poco más el cristal de su ventanilla, cerró los ojos y dejó que el aire fresco de la madrugada le acariciase la cara. Aún se sentía algo mareado y confuso.

Se pararon en un semáforo y abrió los ojos. Vió que estaban frente al edificio donde hacía años había vivido una chica con la que estuvo un tiempo. Y de repente sintió que le invadía una sensación cálida con aquel recuerdo.

Le sorprendió cómo una oleada de ternura le recorría todo el cuerpo.

En apenas unos segundos recordó momentos vividos junto a ella, su dulzura, su ángel. No fue sencillo dejarla, pero tuvo que hacerlo y … no se arrepentía.

Habían compartido mucho pero ella no era lo que él buscaba. Ella no era la mujer que iba a hacerle desear transformarse en un hombre de familia. Ella no era…

Cerró los ojos de nuevo y las notas de la canción de Rice empezaron a cerrarse como una tenaza en la garganta y una punzada bajaba directa al centro del pecho.

El taxi arrancó de nuevo y el irlandés seguía cantando “I can’t take my eyes off you…”

Llegaron a su mente a borbotones mil imágenes. Despertares, anocheceres, días en la playa, desayunos y bailes juntos… Y también llegaron sus lágrimas, su dolor, sus reproches cuando él rompió.

“Did I say that I loathe you?”

Tuvo que hacerlo, sentía que ella no era lo que él buscaba…

y… no…. se arrepentía

….

“I can’t take my mind off you…”

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Autor: luzbouza.com

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